martes, 7 de abril de 2026

EL ABUELO JOAQUÍN

Escribir un relato es una ingente labor que supone crear una historia con un conflicto básico. De ahí van surgiendo las ideas que conforman la trama y los subtemas. Mi bisabuelo desapareció en los años sesenta y nadie llegó a conocer su suerte, lo poco que sé de él me lo han contado. Por este motivo he querido rendirle homenaje desde el punto de vista de mi madre, su nieta, con un pequeño texto que no siempre se acerca a la verdad.

¿Dónde se había metido el abuelo Joaquín? Llevaba más de nueve meses sin aparecer por la casa, lo que despertó las sospechas de la familia. Todos sabían que era un espíritu libre y que siempre hacía lo que le venía en gana, pero esta vez se estaba excediendo. En enero lo esperaba Juan, el hijo ferroviario, para que recogiera el pase de favor que le permitía viajar gratis en tren y visitar a sus hijos cuando quería, aunque en febrero nadie tenía noticias suyas.

No podía haber desaparecido tan fácilmente, pues llevaba toda la documentación encima. Hacía un par de meses que recibía una pensión por haber combatido en la guerra de Filipinas y tenía los papeles que lo demostraban. En su juventud había pertenecido al cuerpo de la Guardia Civil y en su mochila también acarreaba las credenciales que lo podían justificar. Muchas eran las señales que lo identificaban como Joaquín Borrás Roca, pero no había pista alguna sobre su paradero, lo que hizo saltar las alarmas. 

El abuelo tenía cultura y, además, había sido músico. La jubilación y la viudez facilitaron sus visitas a los hogares filiales y lo habilitaron para dar clases a los nietos que no tenían acceso a la educación pública porque vivían en el campo. Lola aprendió con él y se sentía orgullosa de sus logros. Por eso estaba triste, porque habían compartido mucho y lo echaba de menos. Lloraba su ausencia y daba largos paseos para calmarse. Un día encontró un botón de la camisa de cuadros del abuelo, y lo reconoció enseguida por el pequeño escudo central que siempre le había llamado la atención. Esa pista llevó a la familia hasta la Guardia Civil y la investigación supuso meses de intenso trabajo. 

El tío Félix se acercaba cada noche a consolarlos, ya que Lola y su familia presentían lo peor. Hablaban a menudo del abuelo Joaquín, recordaban sus andanzas, sus bromas, las aventuras bélicas… Se consolaban con cada palabra que los acercaba a él. 

Y una mañana de otoño, la Benemérita se personó en la masía familiar y anunció que se había detenido a Félix Borrás Roca como autor de la muerte de su hermano. Era increíble, ¿cómo había sido capaz y había fingido durante tantos meses? Del interrogatorio se obtuvo una confesión que revelaba resentimiento, pues Félix siempre había envidiado la vida de su hermano, la familia amorosa de este y la situación acomodada de la que disfrutaba en su hacienda. Y Lola volvió a sufrir, ya que adoraba a su tío y había crecido con sus juegos y acertijos, aunque quería que expiara sus pecados. 


jueves, 5 de marzo de 2026

EL ASESINO DE LOS CARAMELOS DE VIOLETA

Javier Holgado y Susana López Rubio son los autores de este cozy crime que emplaza a la familia Garza en el Madrid de 1969. Se trata de una novela de misterio cuyos personajes de ficción alternan con el Caudillo, Orson Welles, Ava Gardner...

Lucio Garza es un médico forense que, con la ayuda de su familia y del policía Félix, busca al asesino en serie de mujeres a las que, antes de morir, el criminal ha dejado con secuelas graves en el cerebro y con la lengua morada por haberles ofrecido caramelos de violeta.  

La lectura es fluida y atrapa, porque las pistas parecen acercar a los investigadores a la resolución del caso; sin embargo, nuevos indicios lo complican. Y, paralelamente, las vivencias de los Garza engendran personajes cercanos y adorables. 

Es una novela entretenida y fresca que, antes de acabar, anuncia un nuevo enigma cuyo nudo constituye El misterio de la turista que murió dos veces, por lo que el lector ansiará hacerse con la siguiente obra de estos autores. 


miércoles, 28 de enero de 2026

CONECTORES

Una de las propiedades textuales es la cohesión, la que hace que las ideas estén adecuadamente entrelazadas. Con este fin se usan los conectores, una muestra de los cuales se presenta en este cuadro de Canva.



domingo, 4 de enero de 2026

SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO

No puedo permanecer indiferente ante la lectura del relato de Gabriel García Márquez, Solo vine a hablar por teléfono.

María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros, lo que equivale a antítesis y mal agüero, el que se presiente casi desde las primeras líneas, por eso, quizá, ya nunca más vuelve a tener un nombre compuesto y pasa a ser simplemente María. 

El lector va angustiándose con cada línea, porque intuye que la protagonista se ha metido en terreno pantanoso, aunque no se comprende la causa, puesto que hallarse junto a un automóvil accidentado no es motivo para ser conducido a un centro psiquiátrico. La rabia también se apodera de quien va adentrándose en el relato y uno se pregunta cómo requerir un teléfono puede considerarse motivo de enajenación, pero, con cada súplica, la demencia se vuelve casi real hasta para el que lee. 

Sin embargo, conocer la vida sentimental de María hace que compadezcamos a Saturno el Mago y que, más adelante, lo veamos como a un ridículo pobre diablo que babea por una frívola mujer de la que depende emocionalmente, pero de la que se olvida cuando se le antoja trastornada. Algunos puede que sientan que María se libra de un energúmeno, incluso cuando tiene que pagar un precio desmesurado. Es gratificante saber que finalmente la muchacha parece contenta con la paz del claustro.


viernes, 5 de diciembre de 2025

UN RECUERDO DE LA INFANCIA

En el Curso de Escritura Creativa se nos pedía que recuperáramos la imagen más antigua de la infancia; podía ser una persona, un objeto, una situación..., y que escribiéramos un texto de unas trescientas palabras sobre ella. Este es el resultado:

El ambiente era hostil, aunque no podía adivinar qué había sucedido. Reinaba el silencio y se respiraba una mezcla de tristeza, compasión y humildad. Hoy ese lugar me parece diminuto, pero entonces era un vasto espacio que me engulló al entrar. Olía a rancio, a una fragancia desconocida que me oprimió el corazón y arrinconó mis juegos infantiles para mostrarme la cara oculta del ocaso. Y la busqué, busqué a mi madre, la providencia y mi amparo, quien podía poner un poco de luz en ese abismo que me había hechizado, y allí estaba, presta a socorrerme, a acoger mis miedos. Y fui a cobijarme en sus brazos.

En medio de la estancia había una caja negra, tétrica, desconocida y misteriosa, alrededor de la cual se habían sentado mujeres compungidas y macilentas, mi padre y alguno de mis tíos. Vestían ropas oscuras y ofrecían un aspecto atribulado, sin embargo, mi presencia hizo que una sonrisa se dibujara en sus rostros. Entonces averigüé quién y cómo había pintado ese lienzo, y supe que no volvería a ver a mi abuela Teresa, que el cielo la había acogido entre algodones mullidos dispuestos tiernamente por un ser caprichoso llamado Dios, y que a ese sitio se accedía por una estrecha puerta blanca custodiada por ángeles buenos que solo procuraban paz y amor. 

Las imágenes se sucedieron prestas en mi mente, sombras de días previos de ausencias que me devolvían a la abuela Teresa un poco ajada y me privaban de la compañía de mi madre, el capitán del navío que conducía a la yaya al puerto definitivo. En ese tiempo vi a la muerte por primera vez, deambulaba por las estancias de nuestra casa y nos prevenía, para que la partida no nos sorprendiera adormecidos y para curtir mi piel y la de los míos. 

Teresa fue la madre de mi padre y nos quisimos mucho en poco tiempo, su afecto y su ternura fueron sencillos para mis primeros seis años.



lunes, 3 de noviembre de 2025

JAMES JOYCE

El final de Los muertos, de James Joyce, es capaz de hacer que se nos salten las lágrimas:

La nieve caía sobre todos los lugares de la oscura llanura central, sobre las colinas sin árboles, caía dulcemente sobre el pantano de Allen y, más hacia el oeste, caía suavemente en las oscuras olas amotinadas del Shannon. Caía también sobre todos los lugares del solitario cementerio en la colina donde Michael Furey yacía enterrado. Yacía apelmazada en las cruces y lápidas torcidas, en las lanzas de la pequeña cancela, en los abrojos estériles. Su alma se desvaneció lentamente al escuchar el dulce descenso de la nieve a través del universo, su dulce caída, como el descenso de la última postrimería, sobre todos los vivos y los muertos.

¿De qué manera lo consigue?

El texto equipara a vivos y muertos, como hace Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre, y los acomoda bajo la nieve, como manto que unifica. El paisaje entristece al lector cuando imagina la tumba solitaria de Michael Furey, que murió de amor por Greta y que continúa abandonado, cubierta de un color blanco puro y convertida en representación sustancial de la vida que desampara a los que quedan; porque su recuerdo, el de Michael, todavía emociona a Greta hasta el llanto y provoca celos en su marido.  

Por otro lado, las olas sublevadas del río Shannon desafían las aguas estancadas del Allen y la nieve los envuelve a ambos de igual forma, para recordarle al hombre que el mundo continúa latiendo pese a todo y que puede seguir pesaroso o renacer. El cielo derrama tantas lágrimas como en otro tiempo había sido capaz de retener, cuando Furey perdió la vida, y esa imagen libera a quien lee y le devuelve su adormilada aflicción. Ante el dolor no hay estados y el dolor puede prolongar la vida de un muerto o llevar hasta la muerte a quienes sobreviven.  



lunes, 6 de octubre de 2025

EL CULEBRÓN

Aunque se trata de literatura de una calidad muy baja, los culebrones son una fuente inagotable de trucos para cualquier escritor. Baratos quizá, pero no por ello menos interesantes de analizar. Por eso vale la pena detenerse a conocer sus ingredientes principales:

  • Tienen una estructura relativamente rígida.
  • En ellos hay acción, acción y más acción.
  • Abunda el diálogo.
En el planteamiento hay un "bueno" que intenta conseguir algo, por lo general el amor, pero suele partir de una situación de desventaja, un conflicto que le impide lograrlo. 

Para que haya un conflicto tiene que haber uno o varios antagonistas. Son los que llamamos "malos", que entorpecen el camino de nuestro héroe. Entre protagonista y antagonistas surge un problema o un impedimento. Este sería el comienzo del nudo.

Planteado el conflicto, es necesario que esté lleno de vicisitudes que impidan que el bueno logre sus fines. A veces pasa por situaciones terribles que hacen que el lector sufra con las tribulaciones del protagonista -una injusticia, por ejemplo, un amor contrariado, un robo de algo o alguien muy querido...-. También funciona estupendamente que, desde el principio, parezca que dicha situación adversa está a puntito de solucionarse favorablemente, pero en el último segundo la historia vuelve a complicarse más si cabe.

Cuando ya vamos por las dos terceras partes de la historia, todo tiene que estar negro como boca de lobo para nuestro héroe o heroína. De pronto parece que la cosa se arregla, pero no, se complica un poco más hasta que, finalmente, el autor resuelve la situación o el enigma con gran traca y, a ser posible, con la mayor verosimilitud.

Siguiendo esta pauta, he intentado crear un pequeño culebrón y aquí va la sinopsis:

Habían planeado fugarse y el padre de ella lo descubrió: Anabel, la criatura más delicada, estaba enamorada de Ernesto, el marido de Julia Santamaría. El señor Martínez se entrevistó con el muchacho y le sugirió que, si no quería verse en una situación comprometida, no siguiera con los planes y le dijera a Anabel que todo había sido un error. Después de hablar con ella, Ernesto apareció muerto y siempre se sospechó de la joven, aunque nada pudo demostrarse.

La vida castigó a Anabel con la soledad y el descrédito, ya que todos la consideraban una criminal. A tres décadas del trágico suceso, su prima Miriam fue a pasar unos días con ella y Anabel se sintió complacida. Hasta ese momento solo había recibido esporádicas visitas del doctor Benítez, antiguo novio de Miriam que había roto la relación para que los terribles acontecimientos no salpicaran su prestigio. 

La sirvienta de Anabel notó cambios en la actitud de su señora, quien sorprendía con reacciones iracundas o alucinaciones. La chica corrió a contárselo a un periodista que había mostrado compasión por Anabel. Luego la criada falleció y, según el periodista, algo no iba bien. Y estaba en lo cierto, puesto que Miriam y el doctor le administraban a Anabel un medicamento que iba anulando su voluntad y la enviaría a un sanatorio, así ellos se repartirían la herencia, de la que Miriam era albacea.

En un momento de lucidez, Anabel salió a la terraza y oyó cómo los cómplices se divertían con la seguridad de alcanzar el codiciado premio. A medida que escuchaba toda clase de ataques y burlas a su persona, enfurecía, hasta que empujó la jardinera de la baranda y ambos cayeron fulminados.  

El mismo día murió Julia Santamaría y el periodista se acercó a la vivienda de los Martínez para entregarle una carta a Anabel. El documento contenía la declaración de culpabilidad de la viuda, que confesaba haber asesinado a su marido y haber pagado una cantidad mensual a Miriam durante años, pues había presenciado el asesinato y podía delatarla. Miriam nunca lamentó la deshonra de su prima.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...