miércoles, 28 de enero de 2026

CONECTORES

Una de las propiedades textuales es la cohesión, la que hace que las ideas estén adecuadamente entrelazadas. Con este fin se usan los conectores, una muestra de los cuales se presenta en este cuadro de Canva.



domingo, 4 de enero de 2026

SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO

No puedo permanecer indiferente ante la lectura del relato de Gabriel García Márquez, Solo vine a hablar por teléfono.

María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros, lo que equivale a antítesis y mal agüero, el que se presiente casi desde las primeras líneas, por eso, quizá, ya nunca más vuelve a tener un nombre compuesto y pasa a ser simplemente María. 

El lector va angustiándose con cada línea, porque intuye que la protagonista se ha metido en terreno pantanoso, aunque no se comprende la causa, puesto que hallarse junto a un automóvil accidentado no es motivo para ser conducido a un centro psiquiátrico. La rabia también se apodera de quien va adentrándose en el relato y uno se pregunta cómo requerir un teléfono puede considerarse motivo de enajenación, pero, con cada súplica, la demencia se vuelve casi real hasta para el que lee. 

Sin embargo, conocer la vida sentimental de María hace que compadezcamos a Saturno el Mago y que, más adelante, lo veamos como a un ridículo pobre diablo que babea por una frívola mujer de la que depende emocionalmente, pero de la que se olvida cuando se le antoja trastornada. Algunos puede que sientan que María se libra de un energúmeno, incluso cuando tiene que pagar un precio desmesurado. Es gratificante saber que finalmente la muchacha parece contenta con la paz del claustro.


viernes, 5 de diciembre de 2025

UN RECUERDO DE LA INFANCIA

En el Curso de Escritura Creativa se nos pedía que recuperáramos la imagen más antigua de la infancia; podía ser una persona, un objeto, una situación..., y que escribiéramos un texto de unas trescientas palabras sobre ella. Este es el resultado:

El ambiente era hostil, aunque no podía adivinar qué había sucedido. Reinaba el silencio y se respiraba una mezcla de tristeza, compasión y humildad. Hoy ese lugar me parece diminuto, pero entonces era un vasto espacio que me engulló al entrar. Olía a rancio, a una fragancia desconocida que me oprimió el corazón y arrinconó mis juegos infantiles para mostrarme la cara oculta del ocaso. Y la busqué, busqué a mi madre, la providencia y mi amparo, quien podía poner un poco de luz en ese abismo que me había hechizado, y allí estaba, presta a socorrerme, a acoger mis miedos. Y fui a cobijarme en sus brazos.

En medio de la estancia había una caja negra, tétrica, desconocida y misteriosa, alrededor de la cual se habían sentado mujeres compungidas y macilentas, mi padre y alguno de mis tíos. Vestían ropas oscuras y ofrecían un aspecto atribulado, sin embargo, mi presencia hizo que una sonrisa se dibujara en sus rostros. Entonces averigüé quién y cómo había pintado ese lienzo, y supe que no volvería a ver a mi abuela Teresa, que el cielo la había acogido entre algodones mullidos dispuestos tiernamente por un ser caprichoso llamado Dios, y que a ese sitio se accedía por una estrecha puerta blanca custodiada por ángeles buenos que solo procuraban paz y amor. 

Las imágenes se sucedieron prestas en mi mente, sombras de días previos de ausencias que me devolvían a la abuela Teresa un poco ajada y me privaban de la compañía de mi madre, el capitán del navío que conducía a la yaya al puerto definitivo. En ese tiempo vi a la muerte por primera vez, deambulaba por las estancias de nuestra casa y nos prevenía, para que la partida no nos sorprendiera adormecidos y para curtir mi piel y la de los míos. 

Teresa fue la madre de mi padre y nos quisimos mucho en poco tiempo, su afecto y su ternura fueron sencillos para mis primeros seis años.



lunes, 3 de noviembre de 2025

JAMES JOYCE

El final de Los muertos, de James Joyce, es capaz de hacer que se nos salten las lágrimas:

La nieve caía sobre todos los lugares de la oscura llanura central, sobre las colinas sin árboles, caía dulcemente sobre el pantano de Allen y, más hacia el oeste, caía suavemente en las oscuras olas amotinadas del Shannon. Caía también sobre todos los lugares del solitario cementerio en la colina donde Michael Furey yacía enterrado. Yacía apelmazada en las cruces y lápidas torcidas, en las lanzas de la pequeña cancela, en los abrojos estériles. Su alma se desvaneció lentamente al escuchar el dulce descenso de la nieve a través del universo, su dulce caída, como el descenso de la última postrimería, sobre todos los vivos y los muertos.

¿De qué manera lo consigue?

El texto equipara a vivos y muertos, como hace Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre, y los acomoda bajo la nieve, como manto que unifica. El paisaje entristece al lector cuando imagina la tumba solitaria de Michael Furey, que murió de amor por Greta y que continúa abandonado, cubierta de un color blanco puro y convertida en representación sustancial de la vida que desampara a los que quedan; porque su recuerdo, el de Michael, todavía emociona a Greta hasta el llanto y provoca celos en su marido.  

Por otro lado, las olas sublevadas del río Shannon desafían las aguas estancadas del Allen y la nieve los envuelve a ambos de igual forma, para recordarle al hombre que el mundo continúa latiendo pese a todo y que puede seguir pesaroso o renacer. El cielo derrama tantas lágrimas como en otro tiempo había sido capaz de retener, cuando Furey perdió la vida, y esa imagen libera a quien lee y le devuelve su adormilada aflicción. Ante el dolor no hay estados y el dolor puede prolongar la vida de un muerto o llevar hasta la muerte a quienes sobreviven.  



lunes, 6 de octubre de 2025

EL CULEBRÓN

Aunque se trata de literatura de una calidad muy baja, los culebrones son una fuente inagotable de trucos para cualquier escritor. Baratos quizá, pero no por ello menos interesantes de analizar. Por eso vale la pena detenerse a conocer sus ingredientes principales:

  • Tienen una estructura relativamente rígida.
  • En ellos hay acción, acción y más acción.
  • Abunda el diálogo.
En el planteamiento hay un "bueno" que intenta conseguir algo, por lo general el amor, pero suele partir de una situación de desventaja, un conflicto que le impide lograrlo. 

Para que haya un conflicto tiene que haber uno o varios antagonistas. Son los que llamamos "malos", que entorpecen el camino de nuestro héroe. Entre protagonista y antagonistas surge un problema o un impedimento. Este sería el comienzo del nudo.

Planteado el conflicto, es necesario que esté lleno de vicisitudes que impidan que el bueno logre sus fines. A veces pasa por situaciones terribles que hacen que el lector sufra con las tribulaciones del protagonista -una injusticia, por ejemplo, un amor contrariado, un robo de algo o alguien muy querido...-. También funciona estupendamente que, desde el principio, parezca que dicha situación adversa está a puntito de solucionarse favorablemente, pero en el último segundo la historia vuelve a complicarse más si cabe.

Cuando ya vamos por las dos terceras partes de la historia, todo tiene que estar negro como boca de lobo para nuestro héroe o heroína. De pronto parece que la cosa se arregla, pero no, se complica un poco más hasta que, finalmente, el autor resuelve la situación o el enigma con gran traca y, a ser posible, con la mayor verosimilitud.

Siguiendo esta pauta, he intentado crear un pequeño culebrón y aquí va la sinopsis:

Habían planeado fugarse y el padre de ella lo descubrió: Anabel, la criatura más delicada, estaba enamorada de Ernesto, el marido de Julia Santamaría. El señor Martínez se entrevistó con el muchacho y le sugirió que, si no quería verse en una situación comprometida, no siguiera con los planes y le dijera a Anabel que todo había sido un error. Después de hablar con ella, Ernesto apareció muerto y siempre se sospechó de la joven, aunque nada pudo demostrarse.

La vida castigó a Anabel con la soledad y el descrédito, ya que todos la consideraban una criminal. A tres décadas del trágico suceso, su prima Miriam fue a pasar unos días con ella y Anabel se sintió complacida. Hasta ese momento solo había recibido esporádicas visitas del doctor Benítez, antiguo novio de Miriam que había roto la relación para que los terribles acontecimientos no salpicaran su prestigio. 

La sirvienta de Anabel notó cambios en la actitud de su señora, quien sorprendía con reacciones iracundas o alucinaciones. La chica corrió a contárselo a un periodista que había mostrado compasión por Anabel. Luego la criada falleció y, según el periodista, algo no iba bien. Y estaba en lo cierto, puesto que Miriam y el doctor le administraban a Anabel un medicamento que iba anulando su voluntad y la enviaría a un sanatorio, así ellos se repartirían la herencia, de la que Miriam era albacea.

En un momento de lucidez, Anabel salió a la terraza y oyó cómo los cómplices se divertían con la seguridad de alcanzar el codiciado premio. A medida que escuchaba toda clase de ataques y burlas a su persona, enfurecía, hasta que empujó la jardinera de la baranda y ambos cayeron fulminados.  

El mismo día murió Julia Santamaría y el periodista se acercó a la vivienda de los Martínez para entregarle una carta a Anabel. El documento contenía la declaración de culpabilidad de la viuda, que confesaba haber asesinado a su marido y haber pagado una cantidad mensual a Miriam durante años, pues había presenciado el asesinato y podía delatarla. Miriam nunca lamentó la deshonra de su prima.


viernes, 5 de septiembre de 2025

EL TERROR

Plasmar el terror me resulta difícil, y no por falta de experiencia, aunque quizá me pese la incomodidad de enfrentarme a él. Las vivencias personales las dejo para ejercicios posteriores, ahora solo he inventado a Helena, y es a ella a quien hago sufrir:

Helena es rica y famosa, por eso muchos codician lo que tiene y más de uno ha fantaseado con la idea de ocupar su lugar. Posee todo aquello que se necesita para ser feliz, dicen algunos, aunque toma barbitúricos para dormir. 

El día ha sido agotador en el estudio y se acuesta en su cama con dosel, cierra los ojos y repasa detalles de la jornada, asuntos que la desvelan, cuando le parece advertir un ruido en la cocina. Siempre ha sido aprensiva y en ese instante teme lo peor, aguza el oído y, efectivamente, oye pasos en la madera. Está asustada, alguien se acerca y no hay dónde esconderse, lo que provoca que tiemble sin remedio y que anhele salir con vida. Precisamente hoy se ha quedado sola, su padre ha conocido a una mujer a través de una aplicación de citas y esta noche cenan en el Delicatessen.

Se mete bajo la cama y la puerta de la alcoba se abre, entonces, unos pies enormes se le acercan y su ánimo flaquea. Procura contener la respiración, pero es inevitable, ese hombre que tiene a dos palmos de la cara intuye que está ahí, al tiempo que desafiante y divertido dice “¿A quién tenemos aquí?”. Helena sale por el otro lado y coge la lámpara de latón de la mesilla de noche, se acerca velozmente al intruso y le propina un golpe en la espalda.

El criminal la coge por el tobillo, la tumba y la arrastra hasta tenerla a su lado. Le rodea el cuello con las manos y Helena se horroriza; le está haciendo daño, las fuerzas van mermando y la visión se nubla. Tiene tiempo de pensar en que quizá su padre ha encontrado a una buena persona y lo está pasando bien. 


miércoles, 6 de agosto de 2025

EL RIDÍCULO

No todos somos capaces de reírnos de nosotros mismos, aunque sería recomendable poder hacerlo, puesto que se trata de un ejercicio terapéutico. He buscado entre mis recuerdos y he encontrado un episodio en que me sentí ridícula pero, posteriormente, complacida, y me ha servido para componer este pequeño relato: 

Tendría nueve o diez años cuando alguien se atrevió a plantarme cara. Yo estaba acostumbrada a dirigir los juegos, a que siempre se hiciera mi voluntad, pero nunca había pensado en ello, no sé cómo empezó. 

Un día, estando en el patio del colegio, una compañera se enojó y resolvió que ya había tenido suficiente ración de autoridad. En una de esas ocasiones en las que yo decidía cómo se hacían las cosas, Asunción, que así se llama quien osó contradecirme, me espetó:

-Ya estamos hartos de hacer lo que tú dices, ya no vamos a seguirte el juego.

Ignoro qué más diría, solo recuerdo que creía estar en un sueño y que su tono no era cordial. ¿Yo era alguien horrible a quien se detestaba? ¿Cuándo me había convertido en un ser odioso? Permanecí sin aliento, petrificada y abochornada; aquellas palabras fueron una confesión, porque yo no podía sospechar que mi actitud despertara sentimientos adversos. Me sentía ridícula ante un grupo de muchachas que, al tiempo que me escrutaban, me juzgaban, me declaraban su antipatía y habían empezado a mermar mi autoestima.   

No me enfadé, veía que la chica estaba en lo cierto, aunque fue algo nuevo que hizo ruborizarme y me trajo de vuelta. Me sentí estafada, puesto que entonces supe que no todo giraba en torno a mí. Me avergoncé de haber estado viendo la vida desde un ángulo equivocado. Era una niña pequeña que se había encogido y descubría que la dureza de algunas palabras hiere. Casi todos los que yo creía mis amigos habían estado obedeciendo mis órdenes a la fuerza, mientras yo disponía de ellos a mi antojo; por eso, mi forma de percibir el mundo se desmoronó y me mareé. El vértigo me impedía pensar con claridad y Asunción movía la boca en un vacío desconocido que me ayudó a cambiar. Siempre le he estado agradecida.


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