domingo, 4 de enero de 2026

SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO

No puedo permanecer indiferente ante la lectura del relato de Gabriel García Márquez, Solo vine a hablar por teléfono.

María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros, lo que equivale a antítesis y mal agüero, el que se presiente casi desde las primeras líneas, por eso, quizá, ya nunca más vuelve a tener un nombre compuesto y pasa a ser simplemente María. 

El lector va angustiándose con cada línea, porque intuye que la protagonista se ha metido en terreno pantanoso, aunque no se comprende la causa, puesto que hallarse junto a un automóvil accidentado no es motivo para ser conducido a un centro psiquiátrico. La rabia también se apodera de quien va adentrándose en el relato y uno se pregunta cómo requerir un teléfono puede considerarse motivo de enajenación, pero, con cada súplica, la demencia se vuelve casi real hasta para el que lee. 

Sin embargo, conocer la vida sentimental de María hace que compadezcamos a Saturno el Mago y que, más adelante, lo veamos como a un ridículo pobre diablo que babea por una frívola mujer de la que depende emocionalmente, pero de la que se olvida cuando se le antoja trastornada. Algunos puede que sientan que María se libra de un energúmeno, incluso cuando tiene que pagar un precio desmesurado. Es gratificante saber que finalmente la muchacha parece contenta con la paz del claustro.


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